Silicon Valley y la tecnología militar mantienen hoy una relación cada vez más visible. Empresas dedicadas a inteligencia artificial, drones, sistemas autónomos y software están encontrando en el Departamento de Defensa de Estados Unidos uno de los mercados más importantes para la nueva generación tecnológica.

Pero ¿realmente se trata de algo nuevo?
Steven Levy, periodista que ha documentado Silicon Valley durante décadas, plantea en WIRED que existe una tendencia a reescribir la historia de la industria tecnológica como si el dinero y los contratos militares hubieran sido siempre su principal motivación.
La realidad histórica, argumenta, es bastante más compleja.
Silicon Valley y la tecnología militar siempre estuvieron conectados
La relación entre la industria tecnológica estadounidense y el gobierno militar existe desde mucho antes del nacimiento de compañías como Apple, Microsoft o Google.
El Departamento de Defensa y especialmente DARPA financiaron investigaciones fundamentales para el desarrollo de la informática moderna.
Tecnologías relacionadas con las interfaces gráficas, internet y posteriormente proyectos académicos vinculados con los orígenes de Google recibieron directa o indirectamente recursos provenientes del gobierno estadounidense.
Por eso, negar las raíces militares de Silicon Valley sería incorrecto.
La discusión planteada por Levy es diferente: tener raíces militares no significa que todas las generaciones posteriores de la industria compartieran los mismos objetivos.
La contracultura también transformó Silicon Valley
A finales de los años 70 comenzó a consolidarse una generación de investigadores, hackers y emprendedores influenciada por ideas considerablemente diferentes.
En lugares como Stanford, SRI, Xerox PARC y el Homebrew Computer Club se desarrolló una cultura alrededor de experimentar con computadoras y hacerlas accesibles para las personas.
Figuras como Alan Kay, uno de los pioneros de la computación personal, representaban esa visión.
Levy recuerda una anécdota ocurrida durante un retiro organizado por Founders Fund en 2015. Mientras Kay hablaba sobre su trabajo en computación, Peter Thiel aparentemente no sabía quién era y terminó preguntándole directamente por su identidad.
Para Levy, aquel encuentro simbolizó el choque entre dos generaciones completamente diferentes de Silicon Valley.
De las computadoras personales al actual negocio militar
Durante las siguientes décadas, la tecnología de consumo explotó.
Computadoras personales, software, internet, teléfonos inteligentes, buscadores y redes sociales permitieron construir compañías tecnológicas gigantescas sin depender principalmente de contratos militares.
Apple es uno de los ejemplos utilizados dentro de esta discusión.
La compañía encontró un mercado gigantesco vendiendo productos directamente a consumidores, mientras otras empresas tecnológicas siguieron caminos similares.
La historiadora Margaret O’Mara señala que el alejamiento relativo de la industria tecnológica respecto al sector militar también estuvo relacionado con cambios políticos y económicos ocurridos después de la Guerra Fría.
Sin embargo, el escenario comenzó a transformarse nuevamente.
Los “War Bros” llevan Silicon Valley nuevamente hacia la guerra
Levy utiliza el término “War Bros” para describir a una generación de empresarios y multimillonarios tecnológicos que han abrazado abiertamente el desarrollo de tecnología militar.
Empresas como Palantir y Anduril representan especialmente bien esta nueva etapa, donde software avanzado, inteligencia artificial, drones y sistemas autónomos forman parte de una industria tecnológica de defensa en rápido crecimiento.
La relación entre Silicon Valley y el Pentágono vuelve así a ocupar un lugar central.
Pero existe un debate sobre las razones.
La periodista y escritora Sharon Weinberger, autora de Valley of Death: How Big Tech Is Fueling the Future of War, sostiene que la transformación puede explicarse principalmente mediante el mercado.
Desde esa perspectiva, Silicon Valley no cambió necesariamente sus valores; cambiaron sus clientes.
Cuando los consumidores representaban la oportunidad económica más importante, las compañías tecnológicas se concentraron en ellos. Ahora que el gobierno estadounidense busca incorporar rápidamente tecnologías comerciales a sus fuerzas armadas, el sector militar vuelve a convertirse en un mercado atractivo.
¿Silicon Valley cambió realmente sus valores?
Levy rechaza que el dinero explique completamente la evolución de la industria.
Su argumento es que durante aproximadamente cuatro décadas existió dentro de Silicon Valley una cultura tecnológica genuinamente influenciada por el idealismo, la experimentación y la idea de utilizar computadoras para ampliar las capacidades humanas.
Eso no significa que aquellas compañías no buscaran beneficios económicos ni que la industria estuviera completamente separada del gobierno estadounidense.
Significa que las motivaciones de quienes desarrollaban tecnología podían coexistir con los intereses comerciales.
Para Levy, negar aquella etapa tiene una consecuencia importante: presentar el actual acercamiento hacia la tecnología militar como inevitable elimina la responsabilidad de quienes decidieron impulsarlo nuevamente.
Silicon Valley y la tecnología militar vuelven a encontrarse
El debate no intenta negar que la defensa estadounidense desempeñó un papel fundamental en la historia de la informática.
La pregunta es qué ocurrió después.
Durante décadas, buena parte de Silicon Valley construyó su identidad alrededor de computadoras personales, internet y productos de consumo. Hoy, una parte importante de la nueva industria tecnológica vuelve a encontrar oportunidades en defensa, inteligencia artificial militar y sistemas autónomos.
Para Weinberger, es principalmente una historia de mercados y clientes.
Para Levy, también es una transformación cultural que no debería presentarse como si nunca hubiera existido una alternativa.
La historia de Silicon Valley contiene ambas cosas: financiamiento militar y contracultura, enormes intereses económicos e idealismo tecnológico. Precisamente esa contradicción ayuda a entender por qué su actual acercamiento al negocio militar resulta tan significativo.

